martes, 24 de abril de 2012

La Curiosidad Mató Al Gato


   "La curiosidad mató al gato". Dicho que mucha gente utiliza, pero, no sabéis hasta que punto tienen razón con esa frase. Creo que si hubieseis vivido lo que yo viví lo entenderíais, por eso, os lo contare.
   Era una mañana de sábado como otra cualquiera. Yo todavía me encontraba realizando las tareas domésticas, ya que esa mañana mis padres no se encontraban en casa. En ese momento el teléfono sonó, yo cogí, no sabía quien era.
   -¿Si? -pregunté curiosa.
   -Hola Lizzy -contestó una voz al otro lado del aparato-. Soy yo Mikaila. Te llamaba para preguntarte si ibas a estar en casa esta tarde. Tengo algo que mostrarte
   Su voz sonaba misteriosa y aterradora. Es cierto que esa era la forma de hablar de Mikaila, pero había algo oculto en sus palabras, no era muy normal que me llamase a las diez de la mañana un sábado, a esa hora ella solía estar durmiendo.
   -Mikaila.. ¿estás enferma o algo? -pregunté con tono irónico.
   -¿Por qué dices eso Lizzy? -preguntó Mikaila riéndose- Sé que lo que te tengo que enseñar te va a gustar.  ¿Vas a estar en casa esta tarde si o no?
   Muerta por la curiosidad no me quedó más remedio que contestar que sí.
   -Sí, sí. Pásate por mi casa sobre las cinco o seis de la tarde, a esas horas con suerte ya no estarán en casa.
   -Vale, vale. Te va a encantar lo que te voy a enseñar.
   -Viniendo de ti, seguro que si -dije riendo-. Bueno, te dejo, tengo que terminar con esto. Hasta la tarde.
   Colgué el teléfono. Afortunadamente ya había terminado las tareas y ahora tenía tiempo libre. Me dirigí a mi cuarto y cogí uno de mis libros en la estantería. En su cubierta ponía El secreto de la Demonología. En efecto, soy una fanática de los seres fantásticos. Me dirigí al salón, con el libro en la mano, y me senté en el sofá. Mientras leía pensaba en esa cosa tan importante que Mikaila tenía que enseñarme. Ella sabía todas las cosas que me gustaban y quizás había encontrado algo verdaderamente interesante. ¿Que podía ser? Me preguntaba.
   Llevaba un buen rato leyendo cuando suena el timbre. "¿Ya son las cinco?" pienso. Había pasado muy tiempo desde que me había sentado en el sofá. Me extrañaba que mis padres no hubiesen pasado por casa. Me dirigí a la puerta a abrir. Efectivamente, era Mikaila la que estaba en la puerta y mis padres no habían pasado por casa para nada.
   -Entra Mikaila anda -riendo-. Parece que traes la lengua en la boca.
   -Vine corriendo lo más rápido que pude -intentando coger aire-. Sé que esto te va a interesar y no me equivoco.
   Ambas entramos en casa. Subimos a mi cuarto y nos sentamos. Yo me senté en la silla del escritorio mientras que Mikaila se sentó en mi cama. Me di la vuelta mirando para ella.
   -A ver, que es eso tan interesante que me ibas a enseñar.
   Mikaila busca en su mochila y saca un periódico. Lo leí por encima, era el periódico de hoy. Las noticias de la primera página no llamaban mucho la atención. Subida de impuestos, accidentes, asesinatos... Todas las desgracias que uno está acostumbrado a ver en un periódico.
   -¿Y qué es lo que me ibas a enseñar tan interesante? -dije dejando caer el tono de voz.
   Mikaila cogió el periódico y empezó a buscar la página de sucesos, hasta que la encontró. Solo había una noticia, y llamaba la atención. "Joven asegura haber visto al mismísimo diablo". Mis ojos se abrieron como platos. Mikaila lo sabía, esa noticia me iba a interesar. Empecé a leer. En menos de cinco minutos terminé la página.
   -¿Y bien? -preguntó Mikaila.
   - Tenías razón. Es interesante -dije sonriendo-. Así que un joven de diecisiete años asegura haber visto a satanás. Muy interesante.
   - A mi me ha asustado un poco, ahí dice que el chico aseguró empezar a ver  a Satanás poco después de entrar en un chat que hay en Internet.
   -Yo quiero probar -dije animada-. Quiero entrar en ese chat, aquí pone el nombre del chat.
   -Pero...
   No le dí tiempo a terminar la frase pues ya estaba encendiendo el ordenador. Tenía unas ganas tremendas por entrar en ese chat, si realmente era cierto, podré tener a Satanás delante mía. Aunque según decían en el artículo el niño solo se había vuelto loco por culpa de los vídeo juegos y todas las modas adolescentes.
   El ordenador ya estaba encendido. Conecté el Internet y abrí una página del explorador. Me dispuse a teclear el nombre del chat: Demon Live. Si, un nombre extraño para un chat. Al principio supuse que era un chat para gente como yo. Gente que estudiaba demonología. Gente rara, como los demás suelen decir. Pero pronto me dí cuenta de que no era así. La página estaba cargando. Era una página totalmente negra. El fondo estaba adornado con unas manchas rojas como si fueran manchas de sangre y arriba en letras también rojas ponía el nombre del chat. No pasaba nada interesante, hasta el momento.
   Un muñequito rojo apareció de repente por el lado inferior izquierdo de la pantalla. Era un pequeño diablillo rojo, con alas y una gran cola. De su boca salió un mensaje: Jijijiji, no estás registrado en esta página, si deseas entrar, por favor registrate. Dicho esto el diablillo desapareció y en la pantalla apareció la ventana de registrarse. Eché una ojeada. Dato requeridos: nombre de usuario, e-mail, contraseña y... ¿número de teléfono? ¿Para qué quieren el número de teléfono? Yo quería registrarme, parecía tentador pero el hecho de que pidan el número de teléfono me pareció extraño. Mikaila estaba muy asustada.
   -Lizzy, ¿de verdad vas a hacer eso? ¿Te vas a registrar?
   Yo no sabía que hacer. Esa petición me había perturbado la mente. ¿Qué debo hacer? me preguntaba. Esto puede ser peligroso, el chat puede ser de unos lunáticos pederastas o yo que sé. Estuve unos minutos pensando, pero algo me incitó a registrarme.
   -Me registraré -dije decidida-. Tengo un teléfono que casi no uso y pronto daré de baja así que pondré ese número.
   -No, Lizzy. No lo hagas, es peligroso -protestó Mikaila.
   -Es mi decisión, tengo que saber que es lo que esconde esta página. Si realmente te lleva hasta los demonios no hay que desaprovechar la ocasión.
   No dejé que Makaila abriese la boca. Empecé a escribir los datos que pedían como requisito. Nombre de usuario, contraseña, e-mail y por fin el número de teléfono. Cuando ya lo tengo todo puesto le doy al botón "Registrase". Me mantenía en tensión para saber que pasaría después, pero la pantalla se volvió a quedar en negro. Mikaila empezó a pensar que todo era una broma o que allí realmente no había nada, pero se calló. El diablillo rojo volvió a aparecer dejando otro mensaje: Jijijiji muy bien, ya has sido registrada, en unos minutos recibirás una llamada al teléfono que has marcado. Gracias Jijijiji. Y el diablillo volvió a desaparecer.
   ¿Qué? Fuese quien fuese quien administrase esa página me iba a llamar. Me imaginaba que la voz de la persona al otro lado estaría distorsionada o sería la voz de un hombre ya con su cierta edad, rondando los cuarenta. Me pasé los siguientes minutos angustiada, pensando en lo que podría pasar después de recibir la llamada. Estaba angustiada por la propia llamada. El teléfono sonó. Mikaila lo tenía en sus manos. Se asustó. No sabíamos si coger. Era un número oculto. El teléfono seguía sonando. Finalmente lo cogí.
   -¿Sí? -pregunté nerviosa.
   -¿Por qué estás nerviosa jovencita? -contestó la voz al otro lado- No deberías estarlo, los demonios podemos notarlo.
   Mi corazón se aceleró súbitamente. Esa persona al otro lado sabía que estaba nerviosa, y se hizo llamar demonio. Pero su voz no tenía nada que ver con lo que me había imaginado. Ni distorsión ni voz de hombre mayor. Era la voz de un chico joven, de entre uno veinticinco y treinta años. Una voz masculina y grave, pero a la vez dulce.
   -Bueno, como veo que no sabes que decir continuaré hablando -la voz desde el otro lado prosiguió-. Seguramente te preguntarás porque una página como está pide el número de teléfono a sus miembros y los llaman. Pues verás -el joven puso voz seria-, los miembros de este no puede ser cualquier persona y por eso tenemos que analizarlos. La anterior persona que quiso registrarse no valía la pena y acabó en un manicomio, le mandamos a la peor de sus pesadillas -dijo riendo-. Así que joven Lucifer666 le someteremos a la prueba de iniciación. Será hoy a media noche en el descampado de Claro de Luna -el joven hizo una pausa-. Ah y traete a tu amiga también.
   El joven al otro lado colgó el teléfono, pero sus palabras seguían clavadas en mi mente. Mikaila estaba aterrorizada. Presa del pánico no podía gesticular ninguna palabra. Sé que en el fondo de su corazón ella decía que no debía ir, pero yo quería conocer a esa banda. Quería saber quien era la persona que me había llamado.
   -Iré a verlos esta noche, y tu vendrás conmigo.
   -No, me niego rotundamente -seria-. Lo siento pero no. Sé que tienes ganas, pero no me fío de ellos, no sé lo que te pueden hacer. Rectifico, lo que nos pueden hacer. ¿Y si son unos lunáticos Elizabeth?
   En ese momento me di cuenta de que ella hablaba en serio. Pocas veces me llamaba por mi nombre de pila. Estaba muy asustada y no sabía que hacer. Pero quería ir ahí. La curiosidad me mata. ¿Quién será esa persona? Esa pregunta no se me sacaba de la cabeza.
   -Lo siento, yo voy a ir -dije convencida-. Si tú no quieres venir, no pasa nada, lo comprendo. Pero yo voy a ir. Yo me metí en este lío y yo misma voy a salir de él.
   Dicho esto salí de mi habitación y cerré la puerta. Empecé a correr escaleras abajo. Que raro... La puerta de la entrada está abierta y la luz de la luna entra por ella. ¿Por qué la puerta está abierta? Me preguntaba. ¿Abrá entrado alguien en casa? No tenía tiempo para distraerme, en media hora darían las doce de la noche y de mi casa a Claro de Luna aún había bastante camino. Necesitaba el tiempo.
   Cogí la bicicleta en el garaje y empecé a pedalear con fuerza. Con suerte en menos de quince minutos estaría en el lugar acordado. Pero tenía un mal presentimiento, alguien había entrado en casa, y no era especialmente alguien conocido.
   Tal y como había previsto en menos de quince minutos estaba allí. Dejé la bicicleta en una esquina y bajé al lugar. Allí ya había alguien. En el medio del descampado había una persona vestida con una capa negra y que miraba a la luna.
   -Te estaba esperando -dijo el desconocido-.
   Su voz me resultaba conocida. Era la persona con la que había hablado por teléfono.
   -¿Dónde esta tu amiga? Te dije que tenía que venir ella también -dijo el hombre serio-. No se si fiarme, a lo mejor no estás tan preparada para ser de los nuestros.
   -No es culpa mía. Ella no quiso venir. A ella esto le daba miedo.
   -No pongas excusas, ella no ha venido y tu no has cumplido el trato, debería irme.
   De repente cuatro personas más salieron de detrás de los árboles. Una de ellas llevaba a una chica. Era Mikaila.
   -Aunque quizás esto ahora se vuelva interesante -dijo el hombre con una risa tétrica.
   -¿Qué hace ella aquí? ¿Dónde la habéis cogido?
   Una de las cuatro personas se adelantó y se quitó la capucha de la capa. Era una mujer ligeramente atractiva. Era peliroja y sus ojos azules parecían brillar con la luz de la luna.
   -Fue demasiado fácil entrar en tu casa. Ni siquiera tú te diste cuenta de que habíamos entrado. Actuámos desde las sobras. Ese es nuestro territorio. Somos demonios.
   No sabía que decir. Me había asombrado al ver a esa chica. Era hermosa. Lo único que se me ocurrió pensar en ese momento fue en como serían los demás. Pero también algo en sus palabras me llamó la atención. Actúan en las sombras... ¿Demonios nocturnos? No tiene otra explicación.
   -¿Qué le vais a hacer a ella? No le hagáis daño por favor.
   El chico con el que hablara por teléfono se acercó a Mikaila. Ella se soltó del que la tenía agarrada y se le arrodilló.
   -¿Qué tal lo he hecho? -preguntó ella.
   Espera, de que estaba hablando. ¿Que tal lo había hecho? ¿Por qué ella dijo eso? Entonces recordé, ella había sido quien me había dicho de probar. Ella es de ellos. Me ha entregado a ellos.
   -Mikaila no me lo puedo creer. ¿Por qué me estás entregando a ellos? ¿Qué hice de mal para que tenga que acabar en manos de una secta? Ahora lo tengo claro. No sois demonios, sois unos estúpidos lunáticos que os habéis inventado esto para reíros de los demás.
   -Te equivocas -dijo la otra chica-. Ni somos lunáticos, ni una secta. Y si somos demonios. No el tipo de demonio del que se habla en los libros. No somos seres rojos, con cuernos y alas. No somos feos ni vivimos en el infierno. Somos personas, de carne y hueso, personas con sentimientos. Somos diferentes a los demás y tú formas parte de los nuestros. Quizás no te hayas dado cuenta pero eres especial. Mi hermana Mikaila se dió cuenta y nos lo avisó y tramamos esto para conseguir que vinieses a junto nosotros.
   -Cállate Cinthia -le ordenó el hombre que estaba con su hermana-. Déjame explicar a mi -dirigió su mirada a mi-. Si, Elizabeth, eres una de los nuestros. Este extraño poder se recibe cada tres generaciones y solo en las familias que lo tienen de raíz. Tu eres hija única así que no tienes nadie que comparta tu poder en tu familia. Pero por ejemplo ellas dos, ambas tienen el poder.
   El hombre se acercó a mi. Llevaba algo brillante en las manos. Las extendió hacia a mi.
   -Me llamo Alexandre -dijo mientras se quitaba la capucha-. Toma, este medallón nos identifica. Somos monstruos para las personas por eso nadie sabe nada. En épocas nos condenaban a la hogera por brujería, cuando no hacíamos nada. Solo somos diferentes. Podemos saber todo de una persona solo con verla.
   Era un hombre apuesto. Sus ojos eran verdes. Su pelo dorado brillaba a la luz de la luna. Era largo y ondeaba al viento que soplaba esa noche. En cuanto el amuleto. Era un amuleto con forma de dragón. Su ojo era una piedra roja, una piedra preciosa roja. Por la parte de atrás ponía un nombre, Elizabeth. Era mi nombre.
   -Pero... ¿Lo que le pasó a aquel chico? No fue casualidad ¿verdad?
   -No, simplemente fue curioso de más y digamos que lo hicimos enloquecer. Poder que tú tambien tienes.
   En ese momento otro de los que habían llegado se quito la capucha. También era muy guapo. Sus ojos eran de color miel y su pelo de color castaño. Su piel era pálida que resaltada con la luz de la luna parecía un muerto.
   -La curiosidad mató al gato. Ese chico sabía demasiado así que jugamos con su mente y unos cuantos efectos -se rió-. Alexandre es un as con los efectos especiales.
   Los chicos se empezaban a mostrar cálidos y con cierta familiaridad.
   -Vosotros habéis dicho que este extraño poder solo se dá cada tres generaciones. Eso quiere decir que antes de mi ¿lo tuvo mi bisabuela y sus hermanos?
   -En efecto. Como en todas nuestras familias -contestó Alexandre-. Y ahora, creo que es hora de ir para casa. Ya es tarde y supongo que tus padres han de estar por llegar. Podrás vernos todos los fines de semana. Mikaila te dirigirá a nuestra guarida.
   -Si -dije contenta-. Temía que fueseis personas diferentes. Nos vemos el viernes.
   Cogí la bicicleta y me fui para casa. Un largo camino me esperaba de vuelta.
   Llegué a casa. Todo estaba cerrado. Mis padres aún no habían vuelto. Menos mal.
   Dejé la bicicleta y subí a mi cuarto. De uno de los cajones saqué un diario. Lo abrí. Todavía no tenía nada escrito así que en él empecé a escribir mi historia. Tenía el colgante en el cuello. Así que yo también soy un demonio. Eso resultaba difícil de creer. Pero ellos tienen razón. La curiosidad mató al gato.